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Sobre
la responsabilidad cívica de las Artes: II Encuentro Mundial de
las Artes Arte
y comunicación de masas.
Sobre la responsabilidad cívica de las Artes: II Encuentro Mundial
de las Artes (Valencia, Octubre, 2002)
Al principio de El Porvenir de una Ilusión (1927) Sigmund Freud
se ocupa de reflexionar sobre el desmantelamiento de las instituciones
culturales de la civilización occidental y propone como circunstancias
claves de este proceso “la falta de amor al trabajo” y “la
ineficacia de los argumentos contra las pasiones” (menciona la
pereza, la ignorancia y el desenfreno). Freud señala que, a diferencia
de otras producciones de la civilización como la moral (asimilación
de los preceptos culturales extraídos de los ideales) o las ideologías
colectivas que procuran satisfacciones de corte imaginario-narcisista
(el nacionalismo, el racismo, las relaciones sado-masoquistas entre
clases sociales), la producción artística se nos presenta
como una producción eminentemente civilizatoria. Podemos compartir
con el padre del psicoanálisis que las producciones artísticas
son el contenido esencial de la cultura ya que, al permitirnos experimentar
colectivamente sensaciones elevadas e intensificar así los sentimientos
de identificación simbólica entre los individuos, son
lo único que nos reconcilia con las restricciones que nos impone
la civilización, tanto respecto a los otros individuos (siempre
Otros) como respecto a las instituciones que sostienen dicha civilización.
En estos tiempos, cuando el sistema democrático occidental ha
dado paso a una política capitalista multinacional dirigida por
unos que, independientemente de educación, partido y/o fortuna,
bombardean ‘la cuna de nuestra civilización’, levantan
la veda para el asesinato, el saqueo o el pillaje, dan paso a la intolerancia
y al ejercicio de la fuerza bruta en detrimento de las libertades civiles
y del respeto a los derechos/deberes humanos así como fomentan
activamente las desigualdades económicas y educativas a nivel
local y global, la responsabilidad cívica que creemos asume como
propia el ciudadano o ciudadana que denominamos artista – ‘crear
obras de arte’: obras originales, con calidad técnico-formal,
que logran conmover a otros de forma duradera - se nos revela como especialmente
esencial. Por lo que cabría replantearse “la necesidad
de una intervención activa de las comunidades culturales en la
esfera de las comunicaciones de masa” de la que ya nos hablara
Umberto Eco en Apocalípticos e Integrados (1964).
La posibilidad de una intervención artística-cultural
en los medios de comunicación de masas (medios tecnológicos-industriales
que permiten la difusión masiva de un producto cultural en diferentes
lugares simultáneamente), sin embargo, requiere que reconsideremos
la concepción elitista del arte cinematográfico, todavía
ampliamente abrazada. Pues si bien en la actualidad el cine cuenta con
una tradición artística reconocida, sobre todo gracias
al concepto de “cine autor” propuesto por La Nouvelle Vague,
no por ello dejamos de encontrar la máxima resistencia a aceptar
la dimensión artística del cine. Esta resistencia encuentra
su máxima expresión en el ámbito discursivo institucional,
en el que se abraza de forma acrítica determinada concepción
sociológica del cine. En este ámbito se distingue entre
(1) el arte cinematográfico, que abarca: (a) “los clásicos”
(últimamente valorados como patrimonio de la herencia cultural
norteamericana y no nuestra, a pesar de que, como también se
defiende, estemos “culturalmente colonizados”) y (b) el
“cine de autor” (sea vanguardista o no); y (2) las películas
concebidas para el consumo: “éxitos comerciales”
que “reflejan” algunos de los conflictos sociales contemporáneos
o “expresan” la psicología colectiva de los consumidores
o una sensibilidad común/globalizada. Esta distinción,
que se quiere despolitizada (que se quiere de “sentido común”),
no sólo obvia el hecho de que la noción de “cine
de autor”, que en su día revolucionó la concepción/producción
del cine a nivel internacional, ha sido recuperada como estrategia multinacional
de marketing sino que además pretende justificar como legítimos
una serie de beneficios políticos irracionales que se derivan
de dicha concepción:
(1) excluir la posibilidad de interpretación de una obra fílmica
que esté dirigida al consumo multinacional: la película
diseñada comercialmente, al estar destinada al mayor número
de personas posibles, carece por definición de características
formales de calidad artística y, por tanto, su decodificación
sólo puede ser unívoca con respecto al referente.
(2) descartar el análisis teórico-político del
sistema simbólico que construyen las obras de consumo masivo:
ya que el sistema simbólico trazado por estas es producto y expresión
incondicional del sistema de producción capitalista y de los
valores ideológicos por este generados.
(3) descartar el análisis teórico-político de los
lazos sociales que las obras de masas desencadenan en la realidad: ya
que la obra de masas en teoría refleja la realidad o estimula
comportamientos imitativos pero no interviene ni, por supuesto, transforma
la percepción/concepción que de ella tienen los individuos.
(4) permitir la (re)construcción de un discurso ideológico
homogeneizante e igualitarista, en mi opinión, siniestro: el
espectador de cine comercial (gran parte de la población mundial)
es, por definición, “un consumidor de evasiones”
que carece de criterios para apreciar la existencia o deficiencia de
calidad artística en la obra, que es incapaz de originalidad
de respuesta (porque no es un ser libre sino socialmente determinado)
y, sobre todo, que carece de sensibilidad para con-moverse con la obra
de una forma elevada o duradera (el consumidor de los medios de comunicación
de masas es intrínsecamente hostil a las experiencias artísticas-culturales).
Para contra-resistir este resistencia institucionalizada a la dimensión
artística-cultural del cine distribuido multinacionalmente, propondría
que cualquier película que, como por ejemplo Pretty Woman (1990),
(1) sea original en relación al sistema de códigos y convenciones
del género(s) cinematográfico(s) en el que el film se
inscribe, (2) ponga en escena un tejido semántico complejo que
cobra sentido a partir de una estructura formal unitaria, (3) cuente
con un gran éxito entre el público (nota 1) y (4) genere
análisis textuales y/o de recepción que se ocupen de su
valoración en términos culturales, puede considerarse
una obra del arte cinematográfico.
Si por los motivos ya expuestos, nos encontramos ante la necesidad de
recrear una contra-resistencia conceptual y política con respecto
a la dimensión artístico-cultural del cine como medio
de masas, ¿qué podemos decir de otros medios de comunicación
de masas como la televisión o la www.? A mi juicio, lo más
urgente por hacer en el medio televisivo sería tanto crear un
plan estratégico artístico-cultural para sortear la práctica
incívica de la censura/manipulación institucional (2)
como contradecir los postulados de la ecuación ideológica:
televisión = basura, a través de una apropiación
artística-cultural del medio (3). Con respecto a un medio de
comunicación de masas más reciente como la www, que los
ideólogos de las democracias del capitalismo “avanzado”
bien pensante se esfuerzan en asociar a la pornografía (como
algo inmoral), a la piratería, al terrorismo y a enfermedades,
tan graves, como el sida (4), podemos decir que no sólo aporta
actualmente una desarrollada política de resistencia al capitalismo
multinacional (a la propiedad, al intercambio económico y al
control empresarial/gubernamental) a través de una praxis de
“libre acceso” (por ejemplo, el modelo cooperativo y comunitario
de producción del software libre alrededor del sistema GNU/Linux)
(5) sino que también acoge fenómenos como el Net_Art (6),
donde impera “el valor de uso social” del objeto artístico.
La www., medio de distribución-recepción sin institucionalizar-comercializar
(ninguna industria capitalista se lucra con los derechos de copia),
permite no sólo que el objeto artístico (en soporte telemático)
resulte ampliamente accesible a los cybernautas internacionales sino
que además son estos quienes pueden elegir libremente a quién
subvencionar (7).
Eva Parrondo Coppel.
Madrid, Agosto-Septiembre del año 2003.
NOTAS:
(1) Distinguiría entre ‘éxito de público’
(una multitud heterogénea de espectadores que se conmueven con
la película, no necesariamente en las fechas del estreno) y ‘éxito
comercial’ (se tiene en cuenta los beneficios de taquilla) principalmente
para no reducir, ya que no es posible, una obra del arte cinematográfico
a la lógica mercantil. Esta cuestión me la planteó
la lectura del artículo de Luis Arenas “Sonido y singularidad.
Apuntes para una fenomenología de la industria cultural”,
en Claves de la Razón Práctica, nº 132, pp.72-77.
(2) Véase el manifiesto “Manipulación, no en nuestro
nombre”, firmado por cientos de trabajadores de los Servicios
Informativos de TVE, en El País, 14 de abril de 2003, p. 50.
(3) En la televisión de nuestro país nos encontramos con
espacios que ya apuntan en esta dirección. Por ejemplo, en los
breves capítulos chaplinianos de El Timo en el programa Alerta
112 emitido por Antena 3, Alberto García Sáez (guionista,
realizador y personaje) experimenta con la naturaleza del medio televisivo:
la toma directa/el montaje, el sonido directo/el mickeymousing, “el
error televisivo”, la (in)diferenciación entre “ficción”
y “realidad” o la (in)sumisión con respecto a lo
que “la audiencia exige”. Este espacio supera siempre la
media de audiencia del programa y desde que entra el video hasta que
finaliza, la audiencia ha llegado a subir hasta ocho puntos.
El 19 de septiembre, tras haber finalizado este artículo, el
autor de El Timo me informa de que Antena 3 ha decidido dejar de producir-emitir
los capítulos así como resume la experiencia con la frase:
“¡cada capítulo emitido (veinte) ha sido un gol!”.
(4) Véase, por ejemplo, la metáfora puritana utilizada
en el anuncio publicitario institucional/propagandístico del
gobierno sobre el sida/sobre internet.
(5) Los textos con los principios políticos y filosóficos
que animan el movimiento del software libre, pueden encontrarse en www.gnu.org.
Una iniciativa para promover el software libre puede encontrarse en
gugs.sindominio.net. Véase también, Archipiélago.
Cuadernos de crítica de la cultura, nº 47, junio-julio-agosto,
2001, pp. 103-128.
(6) Una selección catalogada de obras de Net-Art puede verse
en www.libresparasiempre.com
(7) Agradezco a Vicente Matallana y a Miguel Angel Martín Martín
sus reflexiones económicas y políticas con respecto a
la breve historia del arte electrónico, en conversación.
© 2003, Eva Parrondo Coppel. Se permite la copia y la distribución
de este escrito en su totalidad a través de cualquier medio,
siempre y cuando su circulación sea sin ánimo de lucro,
se haga de forma literal y esta nota se mantenga
2003 www.evaparrondo.com
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