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André
Bazin :¿un teórico del horror?11-S. Teoría
del cine. Mujer.
El Fondo

Imagen procedente del catálogo de primavera 2002 de la editorial
británica Verso, dedicada a la publicación de trabajos
vinculados a una crítica política de izquierdas.
Se trata de la portada del libro de Tariq Ali: The Clash of Fundamentalisms.
Crusades, Jihads and Modernity. Londres y NY, Verso, 2002.
La Trama
Lo que abre la cavilación hacia la reflexión es …
un gran susto, un pasmo fenomenal (1).
1. Horror y Trauma Histórico
Mi interrogación sobre ‘el horror’ en la obra teórica
de André Bazin es una interrogación histórica.
(1) Por un lado, me he preguntado por el lugar que ocupa el ‘horror’
no sólo en la construcción de una teoría del cine
determinada sino también en la construcción de la Historia
en tanto que discurso sobre el pasado que un grupo de sujetos, los historiadores,
vamos produciendo desde el presente y hacia el futuro.
(2) Por el otro, he querido lanzar una mirada interrogante hacia el
pasado (1945-1957: años en los que escribió Bazin) desde
este presente, presente que podemos fechar en el 11-S.
Si podemos considerar los acontecimientos del 11-S como “una pérdida
de inocencia”, como lo resumía una norteamericana en un
documental televisivo, es en tanto que dichos acontecimientos han producido
la experiencia de un ‘trauma colectivo’ (2).
Desde Freud sabemos que para que un acontecimiento presente sea vivido
como traumático es necesario que dicho acontecimiento evoque,
por asociación, otro acontecimiento del pasado que ha sufrido
los efectos de la represión o de la distorsión debido
a su excesiva carga pulsional. Decir que un acontecimiento del pasado
está sometido a la defensa de la represión es lo mismo
que decir que retorna en el presente, que el acontecimiento pasado “sigue
no teniendo lugar”, sigue acosando a los vivientes con su presencia
espectral (3). Si el pasado retorna en el presente, no lo hace porque
haya sido suprimido de dicho presente como defiende, por ejemplo Michel
De Certeau (4), sino más bien porque el intento de suprimirlo
del presente fracasa por definición y la excesiva carga erótico-agresiva
del acontecimiento pasado encuentra en el presente del síntoma
una satisfacción sustitutoria, que no deja de ir acompañada
de angustia.
Las respuestas principales al shock traumático del 11-S han sido:
“El contraataque del Imperio” contra el lado oscuro de La
Fuerza, la repetición del Holocausto llevada a cabo por el gobierno
judío fundamentalista israelí en complicidad con el resto
del mundo (5) y la confirmación del ascenso democrático
de la derecha técnico-administrativa en Europa que no duda en
concentrar a los ciudadanos inter-nacionales en el campo de “los
ilegales” así como en defender una “justicia”
inflexible y un incremento de la fuerza militar y policial en aras de
una supuesta mayor seguridad (6). En “El País” del
día 21 de Mayo (2002) leo además que los EEUU a la vez
que firma acuerdos de desarme con el corazón de la antigua Unión
Soviética está considerando repetir el lanzamiento de
una bomba atómica sobre ‘el enemigo’.
Me parece, pues, evidente que el acontecimiento del pasado, el ‘trauma
histórico’ (7) que retorna sintomáticamente disfrazado
pero con fuerza desde el 11-S, es La Segunda Guerra Mundial. Ni el Holocausto
ni la bomba atómica lanzada por los EEUU están integrados
en la memoria histórica, y mucho menos en la Historia, precisamente
por su propio ‘exceso’ de realidad. Este ‘exceso’,
lo Real de la Segunda Guerra Mundial, sin duda, retorna distorsionado
en el presente. ¿No es acaso el fantasma no reconocido del llamado
sistema neo-capitalista liberal, el enunciado que rezaba a las puertas
de Auschwitz: “el trabajo os hará libres”?, ¿no
es la práctica política del gobierno norteamericano y
de sus empresas multi-nacionales, que juegan a imponer la hegemonía
del sistema de explotación y dominación capitalista y
de sus representaciones del mundo a través de los sectores financieros,
informático y comunicacional, una práctica totalitarista
(8), en la medida en que requiere de la constante invención de
“enemigos externos” sobre los que proyectar y descargar
el exceso de violencia que genera la denegación de lo Real del
antagonismo inherente a un orden político-económico-moral
basado en una ‘unidad’ imaginaria? (9).
2. Horror e Historia del Cine
La conexión psíquica, social y política de corte
histórico que podemos establecer entre nuestro presente y el
Horror por-venir de la ‘pasada’ Segunda Guerra Mundial hilvana
mi lectura de la obra teórica de André Bazin.
Es tras la experiencia del Horror de la Segunda Guerra Mundial, esto
es, en los doce años siguientes a “los putrefactos cadáveres
del fascismo y de la guerra” (10), que Bazin perfila una Historia
del Cine como Arte Moderno, es decir, como Arte que trabaja con la materia
fotográfica. Ya que su teoría del realismo cinematográfico
supone la formulación de un discurso estético que hace
de esta materia fotográfica su original objeto de análisis
y reflexión (11). Me remito a su artículo “Ontología
de la Imagen Fotográfica” (1945).
Bazin en su discurso histórico realiza una distinción
entre un cine que cree en “la imagen”, en lo que la imagen
añade a la realidad, y un cine que cree en “la realidad”
(12). En el primer modelo incluye al expresionismo alemán con
su concepción violenta de la plástica de la imagen (13),
el cine soviético de la década de 1920, que a través
del montaje crea significados que no provienen de las imágenes
sino de su yuxtaposición (14), así como el cine Americano,
especialmente el Western, que se vale de las imágenes para construir
una “realidad mítica” que marque el nacimiento de
un orden y de una civilización (15) de estados unidos.
Para Bazin, el cine Americano construye esta ‘realidad mítica’
a partir de dos elementos centrales: la Ley y la mujer.
Bazin localiza en el ‘nacimiento de una nación’ que
el Western pone en escena la presencia de una Ley que “debe ser
extrema y expeditiva y, por tanto, ignorar las circunstancias atenuantes,
así como las coartadas cuya verificación resultara demasiado
larga” en aras de su eficacia en ‘la protección’
de la sociedad (16).
Bazin, en segundo lugar, menciona como base estructural del Western
una concepción mítica de la mujer como ‘buena por
naturaleza’, concepción que niega la agresividad de la
mujer para, por el contrario, convertirla en representante “de
esas virtudes sociales [representadas por el orden familiar] de las
que este mundo todavía caótico tiene una gran necesidad”
(17). Bazin relaciona este mito de la mujer como naturalmente noble
con la herencia puritana anglosajona y, por tanto, evidencia que esta
‘elevación’ del sujeto femenino como esencialmente
‘virtuoso’ es una vieja operación que en su lógica
intrínseca es masculina (18).
En el segundo modelo, el cine que cree en la realidad, Bazin incluye
a ciertos cineastas que, como ha señalado González Requena,
supieron hacer suya “la interrogación formulada por la
fotografía” (19). Directores como Chaplin, Stroheim, Murnau,
Dreyer, Renoir, Welles, Bresson, Rossellini, o De Sica se han valido
de la naturaleza mecánica de la reproducción fotográfica
para dejar una huella temporal de lo Real: ese algo físico, material,
visualizable, que excede a ‘la realidad’. En su artículo
de 1948 “El Realismo cinematográfico y la Escuela Italiana
de Liberación”, Bazin dice claramente lo que entiende por
realismo:
“Llamaremos, por tanto, realista a todo sistema de expresión,
a todo procedimiento de relato, que tiende a hacer aparecer un mayor
grado de realidad sobre la pantalla.” (20)
La recuperación histórica y la defensa que realiza Bazin
de un cine narrativo que no pretenda someter la emergencia de la huella
fotográfica de lo Real, ese “mayor grado de realidad”,
va unida a una crítica del cine que construye un espacio cerrado,
limitado, centrípeto en el que los directores imponen a sus espectadores
un sentido de la obra previsible y coherente pero irreal (21). Frente
a un cine que busca someter lo Real, la experiencia del horror de lo
Real, Bazin propone un cine que explore ese Real, es decir, un cine
que re-componga la ambigüedad y la incoherencia del mundo real,
en cuyo centro están los seres, que no son lo que les acontece
ni lo que expresan sino que son sus rostros y sus cuerpos. Para Bazin
se trata de sacar la cámara, que ofrece todas las posibilidades
del telescopio (la metáfora es suya) (22), a la calle para observar
interrogante e insistentemente el mundo exterior en toda su actualidad
hasta lograr una huella fotográfica temporal que nos revele el
mundo como espacio dramático, como espacio cruel, como espacio
de incertidumbre, que es conmovedor sólo a posteriori (23).
3. El Horror en el Cine norteamericano o la crónica de una muerte
anunciada
Las imágenes tele-visadas del 11-S, sin duda, nos han revelado
el mundo como espacio dramático, como espacio cruel, como espacio
de incertidumbre. La creciente proliferación de cámaras
en las calles Occidentales desde la aparición de la TV ha hecho
posible que los dos aviones chocando contra las Torres Gemelas de NY
fueran captados por la cámara de vídeo de dos hermanos
franceses. Sin embargo, lo Real de lo televisado el 11-S no ha sido
conmovedor sólo a posteriori. Como ha demostrado González
Requena muy gráficamente, lo Real de lo televisado ya había
sido conmovedor a priori en las salas de cine (24). Películas
de finales del siglo pasado como Armagedon (Michael Bay) o Independence
Day (Roland Emmerich), ponen en imágenes el retorno devastador
de lo Real a través del significante de ‘la catástrofe’.
Este retorno de ‘lo Real’ en el relato cinematográfico
americano, se ha producido tras dos décadas de cine ocupado tanto
en la re-producción de una ‘Ley del Western’, esto
es, de una Ley que no se ocupa de preservar el ejercicio de los derechos
de los ‘sujetos’ a/de esa Ley sino que, a través
de un discurso moral que define el Bien y el Mal, se ocupa de legitimar
la violencia estatal (por ejemplo las películas de acción
interpretadas por Silvester Stallone o Arnold Schwarzenegger) (25),
como de un cine ocupado en producir un discurso “post-feminista”
puritano sobre ‘la mujer’, como ejemplifican estrellas como
Meg Ryan (26) o películas como El Retorno de Batman (Tim Burton,
1992) (27).
Si ante las huellas televisadas del acontecimiento del 11-S sentimos
la grandeza del Mal, tal y como lo define Eugenio Trías en “Razón
y Revelación en Schelling. Arqueología de la estética
contemporánea” (28), es no sólo porque nos encontramos
con una inteligencia capaz de producir, en una suerte de locura ontológica,
una situación de absoluto desorden y caos invirtiendo la voluntad
imperial de poder a favor de una voluntad libre, sino también
porque nos encontramos con una inteligencia capaz de tener la idea de
realizar televisivamente nuestra pesadilla cinematográfica en
lo Real generando, como ya anunciara Bazin, “la perfecta ilusión
estética de la realidad” (29).
La disolución, provocadora y revolucionaria, entre el arte y
la vida tan aclamada por los manifiestos de las vanguardias cinematográficas
de principios del siglo XX ha sido finalmente realizada. “La Amenaza
Fantasma” que las películas catastrofistas del Cine Americano
de finales del siglo pasado ponen en escena, se ha realizado directamente
en las pantallas televisivas de nuestros hogares.
Una vez más, sin embargo, lo Real de la muerte nos obliga a tomar
partido así como nos empuja con fuerza a construir nuevas teorías
del cine, teorías que, haciendo referencia a lo Real, a lo que
resiste la simbolización y por tanto la re-presentación,
resulten, como decía Bazin, “fecundas para organizar las
condiciones del renacimiento” (30). Estas serán, ‘Dios
mediante’, las teorías, las herramientas políticas,
para un cine disidente en el siglo XXI.
NOTAS:
(1) Félix de Azúa, El Aprendizaje de la Decepción
(1989), Anagrama, Barcelona, 1996, p. 53.
(2) Jesús González Requena, “Las Torres Gemelas:
Razones de un Shock”, en ABC Cultural, 8/12/2001.
(3) Slavoj Zizek, El Frágil Absoluto o ¿por qué
merece la pena luchar por el legado cristiano? (2000), Pre-Textos, Valencia,
2002, p. 87.
(4) Michel de Certeau, Heterologies. Discourse on the Other, Theory
and History of Literature, vol. 17, Manchester University Press, Manchester,
1986, p. 3.
(5) Véase Tzvetan Todorov, Memoria del Mal, Tentación
del Bien. Indagación sobre el siglo XX (2000). Ediciones Península,
Barcelona, 2002, p.202.
(6) En este sentido, ¿no habría que sustituir el enunciado
“ningún ser humano es ilegal” por el enunciado “todo
ser humano es ilegal”?
(7) Término empleado por Kaja Silverman para referirse a la experiencia
de la Segunda Guerra Mundial en su libro Male Subjectivity at the Margins,
Routledge, Londres y NY, 1992.
(8) Véase Eduardo Grüner, “El retorno de la teoría
crítica de la cultura: una introducción alegórica
a Jameson y Zizek”, en Fredric Jameson y Slavoj Zizek. Estudios
Culturales. Reflexiones sobre el Multiculturalismo. Paidós. Espacios
del Saber, Barcelona, 1998, pp. 11-64.
(9) Véase Slavoj Zizek, Looking Awry. An Introduction to Jacques
Lacan through Popular Culture, The MIT Press, Cambridge Massachusetts
y Londres, 1991, p. 168.
(10) André Bazin, ¿Qué es el Cine?, Ediciones Rialp,
Madrid, 1990, p. 286.
(11) Umberto Eco, La Definición del Arte, Ediciones Destino,
Barcelona, 2001, p. 214.
(12) André Bazin, op.cit. p. 82.
(13) Ibid. p. 84.
(14) Ibid. p. 83.
(15) Ibid. p. 254.
(16) Ibid. p. 250.
(17) Ibid. p. 249.
(18) Slavoj Zizek, op.cit., 2000, pp. 200-1.
(19) Jesús González Requena. “Del lado de la fotografía:
una historia del cine en los márgenes del sistema de representación
clásico”, en Julio Pérez Perucha (ed.): Los Años
que Conmovieron al Cinema. Las Rupturas del 68, Ediciones Textos Filmoteca,
Valencia, 1988, pp. 19-31, p. 25.
(20) André Bazin, Op.cit. p. 299. énfasis mío.
(21) Ibid. p. 70.
(22) Ibid. p. 179.
(23) Ibid. pp. 232 y 340.
(24) Jesús González Requena, Op.cit. (2001).
(25) Esta Ley no deja de ser, sin embargo, “políticamente
correcta” en tanto que también está en ocasiones
encarnada por personajes femeninos, por ejemplo, Terminator (James Cameron,
1984). Mi agradecimiento a Marina Diaz por su análisis de ‘la
masculinidad’ en el cine de Hollywood de finales del siglo XX.
Véase también, Fredric Jameson, “Progress versus
Utopia: or, Can We Imagine the Future?”, en Science Fiction Film
Studies, vol. 9, nº 2, 1982.
(26) Peter Evans, “Meg Ryan, Megastar”, en Peter Evans y
Celestino Deleyto (eds.). Terms of Endearment. Romantic Comedy of the
1980s and 1990s. Edinburgh University Press, Edinburgo, 1988, pp. 188-208.
(27) Elizabeth G. Traube. Dreaming Identities: Class, Gender, and Generation
in 1980s Hollywood Movies. Westview Press, Oxford, 1992.
(28) Eugenio Trías, “Razón y Revelación en
Schelling. Arqueología de la estética contemporánea”,
en VV.AA. Otro Marco para la Creación, Editorial Complutense,
Madrid, 1995, pp. 123-145.
(29) André Bazin, op.cit., p. 341.
(30) Ibid. p. 383.
© 2003, Eva Parrondo Coppel. Se permite la copia y la distribución
de este escrito en su totalidad a través de cualquier medio,
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